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Julián Plana

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La originalidad y la intención de Ortega no están en la primera parte de la frase, la anterior a la coma, sino en la posterior a esa coma. De hecho, yo soy yo y mi circunstancia, que es una referencia al Ideen de Husserl, publicado meses antes (Ich bin ich und meine Umwelt), puede ser una sentencia disculpatoria: yo soy yo pero, claro, está también mi circunstancia... Sin embargo, la frase completa de nuestro pensador nos obliga a la acción y nos hace responsables del resultado.
Lo que no suele saberse

Precisiones sobre Catalunya

 

I. Precisiones históricas

 

1. En primer lugar, Catalunya quiere decir tierra de castillos, es decir “Castilla”, y también hay una Catalunya la Vella, compuesta por los condados de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio (que incluía un condado también aragonés pero más allá del ámbito catalán, el de Ribagorza), en tanto que lo que sería más tarde el resto del territorio catalán (Catalunya la Nova) estaba en manos de la pacífica y agrícola dinastía Banu Qasi, parte autónoma del Emirato de Córdoba. Tan pacífica y autónoma, que puede decirse que colaboró pasivamente con el Sacro Imperio en la formación de la Marca, como propósito de convivencia.

2. Los Condados Catalanes eran Ampurias, Osona, Barcelona, Besalú, Cerdaña y Conflent, Girona, Pallars, Urgell y Rosellón.

3. La belleza de la relación entre los condados, que glosó Pau Casal en su discurso como precedente de la idea de Naciones Unidas, cuando fue recibido en la ONU, es que se organizaron entre sí para asegurarse la paz entre ellos, libres de rencillas territoriales o de cualquier otra índole, en una especie de anfictionía griega, incluyendo la Paz y Tregua de Dios (en catalán: Pau i Treva de Déu). Lo que olvidó mencionar el eminente cellista es que existía a su vez el precedente de las anfictionías de las polis griegas. Pero no deja de ser un renacer clásico.

4. Asegurar que Cataluña simplemente “perteneció” a Aragón es un término excesivamente simplificador. Porque las Cortes Catalanas o Cortes Generales de Cataluña fueron el órgano normativo de Cataluña desde el siglo XIII hasta prácticamente el siglo XVIII. Como no se debían convocar fuera de Aragón ni del Principado, se solían celebrar en Monzón (a las horas, Monzó) o en Fraga, localidades de la franja catalana luego desconsideradamente recortada por una de las divisiones provinciales, equidistantes entre Zaragoza y Barcelona. Y a diferencia de las Cortes de Castilla de la época, que funcionaban únicamente como órgano consultivo al que el rey concedía privilegios y fueros, las Cortes Catalanas eran un órgano normativo, ya que sus acuerdos tenían fuerza de ley, en el sentido de contrato que el rey de Aragón no podía revocar. Por el contrario, si el rey decidía una ley de forma unilateral era necesaria la ratificación por parte de las Cortes Catalanas. Posteriormente, darían origen a la Generalitat de Catalunya, en el siglo XIV. Su reglamento también fue utilizado para crear en el siglo XV la Generalitat Valenciana. Un caso: si Jaume I (el Conquistador) no hubiera sido reconocido como rey, esta vez en el Palau Reial de la acrópolis ilerdense, sencillamente no lo hubiera sido.

5. Es fama que el mismo Felipe II acudió a las Cortes Catalanas, para leer un discurso en catalán, en busca de créditos para mantener la aventura americana. Se le pidió que las presidiera y jurara en Monzó, él impuso que fuera en Barcelona, y parece ser que al final no le gustó la cosa y se fue enfadado. También acudió a ellas Felipe III. Las Corts Catalanes siempre se creyeron autónomas e incluso decisorias en los asuntos aragoneses que pudieran atañerles, además de básicamente europeas de origen y misión, e ibéricas (España incluyendo Portugal). El iberismo ha sido desde entonces, hasta ahora, una constante en el espíritu catalán.

6. Aquí debiera anotarse mi tesis sobre Ciudad España, porque es el primer vagido de la cooperación de los reinos y la existencia de España (como se sabe, el establishment castellano trató de desacreditar al Infante Enrique, pero los infanteños que conocían la realidad prima facie no lo aceptaron). Pero el concepto de Nación, que no deja de ser adolescente y romántico, no existe hasta el siglo XIX; en España, en concreto, hasta las Cortes de Cádiz, cuyo primer Presidente no provisional es catalán, Ramón Lázaro de Dou y de Bassols.

7. La reacción ante la efervescencia actual de la cuestión esgrime que Cataluña nunca fue reino independiente, nunca gozó de soberanía, pero como vemos es una simplificación insoportable, sobre todo si se le echa en cara. En cualquier caso, ¿por qué no lo pretendió? Joan Reglá, discípulo de Vicens Vives, da una sencilla explicación: por afán de juridicidad. Se encontraba cómoda en su origen europeo y en su encaje aragonés y no necesitaba más. 8. Aquí viene el gozne de la cuestión. No se trata de la actual clase política catalana, que desgraciadamente está jugando con éxito sus cartas marcadas, sino de la democracia improvisada que nos hemos dado, cuando podíamos haber elegido lo mejor y comprobado del Constitucionalismo Comparado. Hay dos protocausas de la actual degeneración española de Cataluña:
a. Los privilegios forales del País Vasco y de Navarra, que generan un insoportable agravio comparativo y que, en buena ley, pueden ser considerados anticonstitucionales. En 2012, Más pidió el mismo privilegio, descaradamente, a Rajoy; y al recibir una simple y llana negativa, desencadenó esta última fase del Procés.
b. El sistema de vergonzosas cesiones para conseguir investiduras, aprobación de Presupuestos, etc., en vez de Segunda Vuelta, que permite en Francia et al mantener la iniciativa en el gobierno central. Ello ha permitido, durante los 23 años de pujolismo la Formación del Espíritu Nacional catalán (como aquel FEN del franquismo) sobre las bases de la ampliación desmesurada de competencias poco claras (como ha demostrado ser la de los Mossos), la Educación particularizada, la propagación de falacias, la ampliación categórica de anécdotas, etc., sin que el gobierno de turno se atreviera a irritarles con precisiones para no perder su eventual apoyo.

8. Merece mención aparte el proceso que culminó con la apertura de la Oficina de la Generalitat en Casablanca en 2003, cuya finalidad era coordinar, sí, las diferentes esferas de cooperación cultural, comercial, etc., pero, sobre todo la contratación en origen de inmigrantes, no del resto de España o latinoamericanos (es decir, de habla castellana). A esta oficina se dedican políticos catalanes de primera fila, y es fama que llegan estos inmigrantes ya con beneficios sociales, en ocasiones vivienda, etc., incorporados. De hecho, la población magrebí de Cataluña es el 37% del total en España. Y se aprecia fácilmente en zonas rurales y ciudades.

9. Están presentes casi todas las técnicas de Propaganda Política. Así, la del Enemigo Único (los españoles somos los judíos del nazismo), la Anticipación de la Posesión (“Welcome to the Catalan Republic”), etc.

10. Final. Creo que la única solución está en la Ciencia. Vengo clamando por la incorporación al Sistema Democracia de una Cámara Científica. Al menos, inicialmente, de un grupo de trabajo como el Eisenhower-Killian de mi comunicación en el reciente II Congreso Europa-América, que cuente con la aceptación como consultor-prescriptor por parte de la mayoría de los grupos políticos. Por ejemplo, debiera entender en la polémica sobre la actuación de las policías nacionales el 1 de octubre, dilucidando si existió o no la brutalidad que se les achaca por la parte independentista, alguna prensa extranjera e incluso partidos políticos vacilantes.

11. La situación aún puede superarse, a mi humilde juicio, partiendo de la base de la esperanza en una futura Europa de los Pueblos (como espera la Padania, Bretaña, Baviera, Flandes, etc.) y en oponer, a cualquier tendencia retrocesiva, la Marcha del Tiempo.

La Marcha del Tiempo es en el sentido de las agujas del reloj, y nunca retrocede.

Imaginemos un reloj. No se trata de retroceder desde la bandera española a la catalana (y menos a la modificada con el estel al modo de lo que representó la cruz gamada a la bandera alemana en los 1930s). La senyera ahí está, en un pasado siempre presente, pero la marcha del tiempo, en el sentido de la del reloj, lleva a la Unión Europea, sin otra distracción; nunca puede ir hacia atrás.

Todo nacionalismo es una adolescencia. Incluso nosotros nos sentimos adolescentes europeos, pero si a estas alturas nos sintiéramos nacionalistas, por ejemplo, catalanes, se trataría de una anomalía, de una psicosis social.

Ahora, según la hora del mundo, estamos en la Unión Europea

 

JP

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