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La originalidad y la intención de Ortega no están en la primera parte de la frase, la anterior a la coma, sino en la posterior a esa coma. De hecho, yo soy yo y mi circunstancia, que es una referencia al Ideen de Husserl, publicado meses antes (Ich bin ich und meine Umwelt), puede ser una sentencia disculpatoria: yo soy yo pero, claro, está también mi circunstancia... Sin embargo, la frase completa de nuestro pensador nos obliga a la acción y nos hace responsables del resultado.

Origen de los Partidos Políticos

Gedankenexperiment      

 

Uno de mis más allegados me dice que “últimamente tiene una manía enorme” a determinado partido político.

No puede extrañarme, teniendo en cuenta la Conjetura de Fidalgo.

Conjetura es un juicio que se forma de algo por indicios u observaciones, una “lección no atestiguada en la tradición textual y que la edición crítica reconstruye de acuerdo con otros indicios”, según el inefable DRAE. Los alemanes lo llaman a veces Gedankenexperiment, experimento mental.

Es una hipótesis que no puede probarse, pero con muchos visos de posibilidad. Así la Conjetura de Hawking, enunciada ya en el Stern en los años noventa del siglo pasado, de que pronto el ser humano prácticamente se extinguirá en este planeta, debido a la proliferación de la munición nuclear, el envenenamiento de los mares, aun inéditas epidemias…

Pues bien, José María Fidalgo, que fue como el gran Marcelino Camacho líder de Comisiones Obreras, enunció hace poco en una tertulia radiofónica la siguiente conjetura, que me permito desarrollar aquí:

En el prehistórico neolítico, la mayoría de las mujeres (que pudieron ser —otra conjetura— las inventoras de la agricultura) se quedaban en los primitivos asentamientos, mientras la mayoría de los hombres salía a cazar. Lo que también hemos dado en pensar como más admisible.

Problema: que, como en todos los tiempos, surgieron bandas de sinvergüenzas decididos a vivir de los demás. Asaltaban los asentamientos, violaban a las mujeres, saqueaban las cosechas que tanto esfuerzo estaban consiguiendo; atracaban asimismo a los cazadores a su regreso y se quedaban con las piezas cobradas…

¿Qué podían hacer las buenas gentes? ¿Autoorganizarse para la defensa? No eran suficientes ya que no podían estar en todas partes, debían ganarse la vida, y duramente. Además, no eran de esa índole…

Entonces recurrieron a tomar contacto pacífico y apalabrar a la banda menos canalla, para que les defendiera de las demás. Sí, pretendían a sus mujeres, pero no se llevaban a sus niñas. Sí, se quedaban con una parte desmesurada de sus cosechas y su caza, pero les dejaban algo para sobrevivir y replantar. Esto lo hacían por egoísmo, claro, y además exigían honores, privilegios de diverso tipo, vista gorda…

Esto siguió, ya en tiempos históricos, con lo que los griegos llamaban tiranos, reyezuelos. Algunos, incluso ejemplares sabios de Grecia, como Cleóbulo, el tirano de Lindos, en Rodas, que pedía repetidamente a su pueblo que no transigiera con posibles injusticias de sus subordinados. O Periandro, segundo tirano de Corinto, que hizo construir un antecedente del actual canal, para que los barcos no tuvieran que rodear el Peloponeso; los ingresos obtenidos del peaje le permitieron ¡abolir los impuestos!

De ahí, y gracias a la filosofía (que no a la lucha de clases, como dice uno de nuestros seudopolíticos actuales), se llegó primero al sorteo, y posterior investigación de los agraciados antes de investirlos, y luego a la elección de los arcontes por los ciudadanos libres.

Primero por decenios y luego, dada la experiencia, llegó a ser por un año. Ya se sabe que los pañales también hay que cambiarlos con frecuencia y seguramente por la misma razón. Es más, aunque ejercían el poder colegiadamente (empezaron siendo tres y pasaron a ser nueve y diez, con el secretario), pasado el año su trayectoria era examinada sistemáticamente en la llamada euthyna, una especie de juicio de residencia.

Pero, aun así, no desaparecieron del todo las primitivas características. Al propio Solón, arconte de Atenas aunque nacido en Salamina se le disculpó la muerte de su esposa (hoy se diría que estaba sumamente aforado).

En fin, que seguimos teniendo que elegir a los menos malos. Los que parezcan más útiles e instrumentales para el próximo periodo (y nos garanticen que, finalizado éste, ¡conservaremos la posibilidad y capacidad de serena elección!).

Porque, si nos fijamos y hacemos caso omiso a sus respectivas religiones, eso que llaman ampulosa e impropiamente ideologías (se trata simplemente de idearios, y muchas de las “ideas” son importantes inexactitudes por interpretación, cuando no falsedades), todos proceden cuando pueden de modo parecido.

Otro de mis cercanos dice que cierta facción ha sustituido “A las barricadas” por “A las mariscadas”… ¡Pero con la misma otrora tan amada música!

 

JP

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